Cambia la historia: periodismo constructivo con enfoque de género

Hay violencias que se ejercen en contra de las mujeres que lejos de detonar el rechazo y la indignación son asumidas como una experiencia dictada por el destino o por la mala suerte. Violencias que se normalizan, se reproducen y se validan en la familia, la escuela, el hospital y el espacio público.

Los actos de agresión más evidentes son los que cada vez despiertan una mayor indignación en nuestras sociedades, como la física, la emocional, la económica, y, en el peor de los casos, la más extrema de ellas que es el feminicidio. Pero todo este mosaico de acciones tiene sus raíces en una violencia estructural basada en la desigualdad y la opresión, el machismo y la misoginia, como lo apunta la antropólga feminista mexicana Marcela Lagarde. 

 

El reto de narrar estas violencias desde otro punto de vista, escudriñar en sus causas, tratar de explicarlas y hacer un periodismo que inspire y no se quede anclado en la desesperanza es la misión de este proyecto al que llamamos #CambiaLahistoria.

 

¿Qué hacemos desde el periodismo con el continuum de violencia contra las mujeres?, ¿cómo explicamos esta escalofriante dinámica?, ¿cómo reinventamos la manera de narrar estas tragedias?

 

Después de plantearnos estas preguntas, decidimos apostar por el periodismo constructivo, el cual agrega una nueva dimensión a las narrativas: indaga en posibles caminos mirando hacia el futuro. 

 

No evadimos la cruda realidad de América Latina, la abordamos. Pero además ponemos el foco en hechos que han movilizado a la acción; en diversas luchas y resistencias de mujeres de diferentes países de la región a las que decidimos escuchar y entender, sin abandonar el rigor periodístico y la responsabilidad que tenemos con las lectoras y lectores.

 

En este proyecto participan mujeres periodistas de México (Jalisco, CDMX, Oaxaca y Puebla), de  Guatemala y de El Salvador que investigaron temas como la situación de mujeres adultas, salud mental, vida en prisión, discapacidad, derecho al aborto, la violencia obstétrica, políticas de esterilización forzada y sesgo de género en la salud. 

 

Las periodistas de Pie de Página indagaron sobre cómo la falta de un sistema público de cuidados deja en una potencial situación de vulnerabilidad a unas 7 millones de adultas mayores de México. Son ellas quienes toda su vida se han dedicado mayormente al trabajo de crianza y cuidados, y quienes paradójicamente quedan abandonadas hacia el final de sus vidas.

 

Esta historia, que expone la violencia estructural ejercida por familiares, sociedad y gobierno, también nos narra la vida de un grupo de mujeres que ha logrado tejer y mantener por más de 20 años una red de acompañamiento, gracias a la cual han aprendido a defenderse, quererse y cuidarse.

 

La periodista de La Cuerda, en Guatemala, nos narra una historia de resistencia de un grupo de mujeres con discapacidad que encontró en el teatro la posibilidad de sentirse libres. Este reportaje nos explica cómo en este país de Centroamérica —en el que viven más de 800,000 mujeres con discapacidad— el Estado y la sociedad les ha dado la espalda, y las destina a vivir en el encierro. 

 

Las violencias institucionales, la discriminación y la exclusión les han impedido satisfacer sus necesidades y desarrollarse plenamente, algo que les corresponde por derecho. En medio de todo ello, una colectiva de mujeres del departamento de Sololá se ha convertido en  fuente de inspiración y empoderamiento. Ellas se hacen llamar ‘Mujeres con capacidad de soñar a colores’.

 

Desde Jalisco, México, las reporteras de Zona Docs, abordan desde un punto de vista novedoso, el tema de la salud mental en las mujeres. Su trabajo nos explica que precisamente, el primer factor de riesgo que contribuye al desarrollo de trastornos mentales es el género femenino, y lo respaldan con datos: de 2010 a 2021 las mujeres han sido doblemente diagnosticadas sobre los hombres en el país.

 

En este proyecto participan mujeres periodistas de México (Jalisco, CDMX, Oaxaca y Puebla), de  Guatemala y de El Salvador que investigaron temas como la situación de mujeres adultas, salud mental, vida en prisión, discapacidad, derecho al aborto, la violencia obstétrica, políticas de esterilización forzada y sesgo de género en la salud.

Las reporteras indagan y nos explican las violencias estructurales que intervienen para que esto sea así, y nos narran las experiencias de varias mujeres que han buscado resignificar su condición desde la neurodivergencia y desde el acompañamiento de otras mujeres.

 

Corriente Alterna, nos expone una situación muy compleja a través de una historia que nos lleva a entender cómo es transicionar en prisión. El testimonio de Érika, quien nos cuenta su transición a Leo dentro de una cárcel en la Ciudad de México, es clave para exponer el abanico de violencias e injusticias contra las que hay que luchar para conseguir la libertad de ser quien quiere ser, y la libertad física.

 

Leo ha logrado vencer muchos obstáculos durante sus 18 años en reclusión. Estudió derecho y lucha porque a su caso se integre el criterio de perspectiva de género. Lo único que no ha logrado es que el sistema judicial cumpla su responsabilidad y le pague un brazalete electrónico que lo dejaría volver a pisar la calle.

 

La periodista de Alharaca documenta los casos de esterilización forzada que han ocurrido en El Salvador en mujeres gestantes con VIH. Una mujer que, a la edad de 17 años, fue forzada a firmar un consentimiento de esterilización por el personal médico de uno de los principales hospitales de El Salvador.

 

Gracias a una organización de la sociedad civil, su caso fue llevado a la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, donde el fallo fue a su favor. La reparación del daño nunca ocurrió porque la lesión fue irreversible. La batalla legal de un grupo de abogadas ha permitido abrir el camino para defender a las mujeres más pobres y más vulnerables en el país centroamericano.

 

Mujeres periodistas de Lado B abordan un tema del que poco se ha hablado y estudiado en México: el sesgo de género en la investigación, el diagnóstico y la atención médica. Aunque en este país hay pocos datos, en otros, como España, es posible saber que este sesgo en el campo de la salud explica por qué hay un mayor retraso en el diagnóstico en las mujeres que en los hombres.

 

La falta de generación de conocimiento sobre el cuerpo de la mujer ha provocado más violencias. Por ejemplo, las mujeres que han padecido endometriosis llegan a ser culpadas de su enfermedad por sus propios médicos, al decirles que el dolor que sienten se lo provocan ellas mismas o que está en su mente. Este mismo estigma se refuerza en su entorno social por la falta de conocimiento sobre esta enfermedad. Nuevos movimientos de científicas, médicas y empresarias han impulsado criterios con perspectiva de género en investigaciones médicas, desarrollo de instrumental y formación de nuevas y nuevos médicos.

 

En Oaxaca, uno de los estados con mayor presencia de pueblos originarios en México, reporteras de Página 3 hablan con las parteras tradicionales y cómo han sido relegadas del sistema público de salud, donde ocurren más casos de violencia obstétrica y ocurren prácticas denigrantes para las mujeres que están por parir.


La práctica ancestral de  la partería tradicional ha logrado subsistir a pesar de las restricciones para registrar un nacimiento o validar sus prácticas con pleno conocimiento del cuerpo de las mujeres. Desde las comunidades a las que no llegan los servicios de salud, han creado redes en todo el país e inspirado a médicos que han incorporado a su práctica una atención humanista para atender la labor de parto. En México, donde el número de nacimientos por cesárea es tres veces mayor —50% del total— al límite máximo que recomienda la OMS —15% del total de nacimientos—, la partería tradicional y el parto humanizado son una opción para que las mujeres vivan la experiencia del parto sin violencia.